miércoles, 26 de abril de 2017

Lizzy. ¡Esto no es Londres! Capítulo IV: Pesadilla





Capítulo IV
Pesadilla


Lizzy sentía que flotaba, que podía verlo todo desde el aire, se veía a sí misma, inconsciente en una habitación de altos techos, con ventanales cubiertos de pesadas cortinas de terciopelo rojo. El frio del exterior que se colaba por cada rendija la fue despertando, atrayéndola a su cuerpo. 

No sabía cuánto tiempo había pasado, la presencia de aquel hombre había quebrado sus intentos de mantenerse serena. Solo deseaba que todo lo acontecido, lo que escucho y lo que vio sean parte de un extraño sueño.

Al parecer las tres mujeres que la acompañaban antes estaban  ahí para cuidarla o vigilarla, cuando se incorporó pudo verlas de pie frente a su cama, observándola.

Lizzy esquivo sus miradas. ¿Sería posible que ellas supieran algo más? Cada vez más el peso de la ausencia de su esposo, la singular situación en la que se encontraban la agobiaban más, la única pista que aún conservaba eran sus dibujos, pero ya no los tenía con ella.   

- ¿Buscas esto? - pregunto burlonamente la mujer más alta.

-¡Eso es mío! - la increpo Lizzy tratando de recuperarlos. Algo le decía que debía conservarlos. 

Las mujeres parecían disfrutar de los inútiles intentos de la joven por recuperar sus ajados pápeles. Para ella era un juego muy divertido. Hasta que su amo interrumpió sus risas con una sola mirada.

A su paso el silencio se apoderó de la habitación. 

- Tenemos una charla pendiente - Se dirigió a Lizzy. - Ven conmigo - Le ordenó.

Lizzy recogió los papeles y siguió a su anfitrión.  Afuera el día parecía brillar pero en el interior del castillo la oscuridad reinaba. La luz del exterior invadía cualquier lugar que la oscuridad no hubiese tomado ya.

- Ahora si me dirá ¿quién es usted y como llegue aquí?  - Pregunto tímidamente Lizzy.

- ¿Por qué no? Estoy de buen humor.  Conde Drácula - dijo mientras realizaba una suntuosa venia a manera de saludo. 

- Se muy bien por mis pequeños espías que sabes quién soy, así que imagino que esto no sorprende por completo - le sonrió a Lizzy - Pero ¿Quizás otra historia pueda satisfacer tu curiosidad? 

- No es necesario- respondió como si estuviera presa de un hechizo. 

Había leído tanto sobre aquel hombre, pero todo eran mitos, leyendas, imaginación. Entonces como explicaba estar ahora frente a él. Como era posible que se vea tan real y tan vivo.

- ¿Cómo se llama tu esposo? - Interrumpió Drácula

- No es algo que deba importarle, y como conoce tanto acerca de mí, seguro esto también lo sabe.

- Es verdad, déjame recordar… son tantos, pero podría apostar que su apellido sería Darcy, Fitzwilliam Darcy.
Lizzy sintió que la habitación giraba, pero no se iba a dejar vencer hasta saberlo todo.

- ¿Dónde está él? - Pregunto instintivamente.

El conde no se preocupó en disimular una nueva sonrisa burlona. 

- ¿Donde esta? ¿Acaso no lo viste? Pensé que eras más lista, por eso te envié un regalo especial, un espejo, ¿no te aventuraste a buscar en su reflejo?

Lizzy recordó las imágenes que imaginó  que salían de aquel horrible espejo y recordó haber visto un atisbo de la sonrisa de su amado Darcy.

- El señor Darcy es parte de tantos y tantos que a cambio de un don han venido a mis pies en busca de una gracia. ¿Sabes que ha pedido él?

En la mente de la joven se agolpaban los recuerdos de cómo conoció al señor Darcy, sus desencuentros. el rechazo, todo estaba presente ahora. ¿Acaso habría sido capaz?

El conde sonreía, le divertía la confusión en el rostro de Lizzy

- Te contaré una historia, de largos años pero breve. Como cualquier otra historia donde sus protagonistas son realmente felices. 

La historia de un hombre enamorado de una doncella que le correspondía pero que su familia odiaba. Odio que llevara  a una guerra entre pueblos donde los dos amantes se encontrarían  atrapados por el peso del rencor. 

Juntos escaparon hasta una tierra protegida por grandes montañas, una tierra sin vida.  Donde su amor pudo florecer, darle vida y color a su gris paisaje, hasta que la guerra los alcanzó y se llevó en sus garras a la doncella dejando a un hombre solo, como en el principio pero cargado de dolor y deseos de venganza. Presa de su desolación,  había ofrecido cualquier cosa a cambio de recuperar al  amor de su vida. Sus lamentos fueron escuchados por los únicos que podían complacerlo, demonios caídos, hijos del odio. 

Aquel hombre había recibido varias advertencias de la maldad con la que estaba negociando pero su deseo de tener de vuelta a su amada era más fuerte que cualquier sensatez. Cerró el trato y su esposa volvió a él tal como se le había prometido. 

Se veía como ella, parecía ser la misma,  pero no era ella, era un ser hambriento, lleno de pasiones y deseos insaciables de sangre. Atacaba a cualquiera, hombres, mujeres, niños por igual. Pronto esos deseos desbordados la llevaron a morir nuevamente en manos de campesinos aterrados. 

El hombre de la historia que la había acompañado en sus festines de sangre humana,  fue perseguido también  y capturado, castigado por sus crímenes en la guerra y por su crueldad, pero por más que muchas espadas lo traspasaran ninguna le daba muerte. Su cuerpo lastimado se recuperaba tomando de nuevo su fuerza y vitalidad pero a cambio de un alto precio, beber la sangre de otros, solo de humanos, y al sentir este elixir  de los cuerpos inertes  se llenaba de vida, pero también de los  recuerdos y sentimientos de cada una de sus víctimas.

Una tortura eterna había caído sobre aquel hombre que no podía ni deseaba morir, buscaba aún en todas las doncellas que conocía a su joven esposa sin éxito.

Al pasar siglos se dejo llevar por la soledad y el placer como ella. Adopto protegidos, hombres que a cambio de altos deseos entregaban todo su ser. Aquel hombre les otorgaba sus deseos a cambio de sus voluntades y de que le traigan otras mujeres, la próxima novia perfecta para su apetito imparable. 

Lizzy empezó a comprender donde encajaban el Conde y Darcy en esta historia,  aunque se negaba a admitirlo.

- El hombre de la historia como ya haz adivinado soy yo, la doncella fue mi esposa, mi único amor, pero no entristezcas,  pronto será sustituida por Mina,  quien viene ahora mismo a mi encuentro, el buen Darcy, será mi último aliado, después de esta noche no he de necesitar otro más.

- ¿Y yo? ¿Qué papel juego en tu historia?

- Eres, como ya habrás podido deducir,  el don pedido por el decidido Darcy, que no pudo conquistar tu corazón de ninguna manera a su alcance, has sido difícil para él, casi imposible. 

Lizzy se sentía agobiada, pidió ver a su esposo una vez más, dudando en llamarlo de esa manera, ¿acaso existía un poder tal en el mundo? ¿Una fuerza que obligara a los seres humanos a amar?

Un gran revuelo en la entrada del castillo los interrumpió.

- Han llegado - sentencio el conde ordenando a las tres mujeres que los detengan.

- Espere de quien habla. ¿Quién llego? 

Lizzy no recibió respuesta pero decidió acompañar al Conde para ver si era Mina o su esposo.  

Afuera del castillo se habían reunido una gran cantidad de campesinos con antorchas, estacas y lanzas. El castillo había sido cercado.

El conde gritaba maldiciendo a los campesinos. 

Lizzy pensó en escapar aprovechando el revuelo, pero no sin Darcy, mientras la gran turba entraba al castillo y asesinaban a todo a quien se interponía Lizzy registraba las habitaciones en busca de su amado. 

- ¡Elizabeth! - Otra vez su nombre era llamado por una voz familiar.

Era Darcy, que la buscaba también, había acudido al llamado del Conde para pelear a su lado y. Cuando Lizzy pudo alcanzarlo finalmente, era tarde. Darcy había caído presa de la violencia desmedida de la multitud. 

El castillo estaba ardiendo, los campesinos empezaron a prender fuego a los cadáveres, los cortinajes y los muebles. Se había desatado un infierno. Lizzy corrió al lado de su esposo, tratando de reanimarlo. El odio y el miedo de la multitud  amenazaba con alcanzarla a ella también, cuando el Conde decidió protegerla, vio en ella a su amada indefensa y se interpuso entre los hombres armados y una muerta segura para Lizzy, ella apenas alcanzo a ver cuando Drácula caía con una estaca en el corazón, en medio de alaridos se convertía en polvo.  

La pesadilla había terminado,  o eso pensaba Lizzy que fue confundida con una de las novias de aquel hombre malévolo y perseguida hasta unas cuevas donde pudo refugiarse.

El frio parecía vencer su espíritu, se sintió sola y perdida, sin saber cómo regresar. Temiendo que cualquier ruido detrás de ella sea lo último que escucharía.

Se quedo adormecida, despidiéndose de todo lo que amaba.

- ¡Lizzy! Despierta. 

Una voz familiar la despertó dulcemente de su sueño. Era Lucy con su enorme sonrisa sacudiéndola para que se despabilara. Habían quedado en acompañar a  los señores de la casa a una partida de cacería.

- ¡Vamos despierta! Mira que si no te apuras nos van a dejar. Lizzy vamos apresúrate.

Lizzy no entendía, ¿había sido toda una pesadilla?  Observo todo y parecía estar de vuelta en la casita de campo. La puerta se abrió dejando pasar la silueta de su esposo. ¡Era él!

- ¡Mi amor! - Corrió Lizzy gritando y lanzándose a sus brazos.
El señor Darcy estaba confundido por tan emotiva recepción, sonrió gentilmente a su dulce y efusiva esposa.

- Lizzy. Esto no es Londres - Le aclaró, pensando en su pronta partida a la gran ciudad, imaginando los deliciosos momentos que pasarían juntos y deseando que estos sean eternos.

Como buen caballero le extendió su brazo, mientras salían todos en busca de los caballos.

El día transcurrió sin mayores sobresaltos, hasta su retorno a la casita de campo. Agotado Darcy se quedo dormido de inmediato.   Lizzy se aseguro del sueño profundo de su esposo, para acercarse al espejo, allí estaba, tan lúgubre como siempre y en su reflejo estaba aquel castillo con su nieve eterna, mientras las carcajadas del Conde se diseminaban por la noche.

FIN


Capítulo  I : El Espejo
Capítulo II: El Viaje
Capítulo III: El encuentro


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por escribirme, tus opiniones son muy importantes para este blog