domingo, 16 de abril de 2017

Lizzy. ¡Esto no es Londres! Capítulo III: El encuentro




Capítulo III
Encuentro


Mientras los días transcurrían la enfermedad de Lucy había empeorado de forma alarmante. Las últimas semanas la casa se había convertido en un desfile de doctores que venían de toda la ciudad para conocer el extraño caso de la joven que enfermaba sin ninguna razón física. La mayoría coincidía con el diagnostico: anemia, pero no cualquier anemia, este fenómeno estaba fuera de todo lo que habían conocido hasta ahora. Lucy estaba decayendo cada vez más y ningún procedimiento  usado hasta el momento estaba ayudándola.

Lizzy había asumido el papel de enfermera y guardiana de Lucy.  Usaba su tiempo para aprender de los doctores que la visitaban. El resto del día lo pasaba en la enorme biblioteca de la casa, donde tenía acceso a tantos libros como quisiera. Le llamaban la atención aquellos que había encontrado antes, buscaba similitudes en cada investigación que leía.   En realidad Lizzy necesitaba  con desesperación una ocupación, una distracción para no hundirse en su tristeza. Había pasado tanto tiempo sin saber nada de su esposo que sentía que los peores presentimientos se adueñaban de su ser.

Mina sufría la misma ansiedad que Lizzy, su prometido había sido requerido por un hombre muy adinerado en las extrañas tierras de Transilvania, el viaje era dificultoso y aún no habían recibido noticias sobre su llegada o su retorno. 

Ambas cargaban el peso de una espera sin respuestas. Pero para Lizzy existía un misterio que le quitaba el sueño y ocupaba sus pensamientos. Aquel libro donde encontró el apellido de la familia de su esposo, los grabados y su relación con el espejo.  Poco a poco fue investigando cada una de las imágenes que sobresalían del marco del espejo, descubrió que representaban demonios y ángeles caídos. Los  grabados de la parte superior eran más bien representaciones de la historia de un conde que había vivido en la antigüedad, luchando  en una guerra sangrienta en la que fue derrotado y castigado por su propia crueldad.

Cada una de las historias atraía más y más a Lizzy que se encontraba en una especie de fascinación. Mientras tanto la enfermedad de Lucy iba empeorando cada vez más. 

El ambiente en la casa estaba cada vez más tenso debido a la partida de Mina en busca de noticias de su prometido. 

El nerviosismo iba en aumento hasta que una noche en que las convulsiones y la fiebre habían atormentado a Lucy, los hombres de la casa tuvieron que salir en busca de ayuda y Lizzy se había quedado sola en su cuidado.

Para mantenerse despejada Lizzy había comenzado a dibujar  todos los grabados e imágenes del espejo, mientras más dibujada más notaba que las salientes no eran las mismas, como si hubieran cambiado de posición y ahora representaran una nueva escena. 

A pesar de que Lizzy no había dormido se sentía lucida, estaba atenta a cualquier movimiento en la casa a la espera de un doctor. 

La calma tensa de la habitación fue interrumpida cuando Lizzy sintió una presencia desconocida, un incontrolable temblor se adueño de ella. La niebla de las noches londinenses cayó pesadamente sobre la casa, invadiéndolo todo, rodeando la cama de Lucy y cubriendo el gran ventanal por donde apenas se podía distinguir una figura oscura. Lizzy vio asombrada a lo que parecía ser un anciano acercándose lentamente. La criatura formada de la niebla paso casi flotando a lado de Lizzy que luchaba con la sensación de no poder moverse.  

Lo que Lizzy creía un anciano,  fue transformándose en un hombre más joven y fuerte, que parecía estar alimentándose de Lucy, parecía absorber toda su energía.

 Lizzy siempre se había considerado fuerte y no iba a permitir que un mal sueño, una alucinación o un anciano la vencieran. Peleó con todas sus fuerzas para liberarse del peso que la oprimía y que no la dejaba moverse y cuando finalmente lo logro aquella criatura se esfumo con un horrible alarido.

Lizzy salió hacia el jardín de la mansión persiguiendo a aquella aparición, sin abrigarse y apenas con aquellos dibujos en la mano. Se interno dentro de lo que parecía un laberinto de paredes rocosas. A mitad del camino creado por las enormes murallas que se iban levantando cada vez más Lizzy se arrepentía de su apresurada decisión pero no había vuelta atrás. Una leve nevada empezó a caer lentamente. Viento que salió de algún lugar desconocido parecía llevar voces en su interior que repetían su nombre.

- Elizabeth…

Lizzy sintió nuevamente esa presión poderosa sobre su cuerpo y casi sin notarlo estaba en una tierra árida, montañosa, donde  caía nieve copiosamente  que helaba a la joven hasta los huesos.

En el horizonte solo podía distinguir un enorme castillo de donde parecían provenir las voces. 

- Tranquila Elizabeth todo está bien, estas a salvo.

Las voces repetían una y otra vez. Lo que parecía un lamento aletargado.

Lizzy seguía caminado pero ya no estaba sola, tres extrañas mujeres habían aparecido a su lado y la acompañaban con un respetuoso silencio.

A pesar de su miedo mantenía la cabeza alta, estaba segura de que en esta tierra extraña podría encontrar la respuesta a todas sus preguntas. Aún tenía los dibujos en las manos se aferraba a ellos como si fueran su única protección.

Al entrar en el enorme portal las esperaban solo sombras que parecían servir a un amo a quien temían. Lizzy en silencio seguía caminando, sintiéndose  cada vez más débil. El lugar estaba apenas iluminado con algunas velas que aumentaban la lúgubre apariencia de los seres que pasaban sin prestarle atención a la recién llegada.

- Bienvenida - La voz grave le parecía a Lizzy muy familiar pero no podía identificarla.

Aquella voz sin rostro iba alejándose por un pasillo mientras Lizzy caminaba tratando de encontrar su fuente.

El pasillo estaba adornado por varios cuadros cubiertos de telarañas que caían como cortinas de olvido sobre las imágenes. Apenas dejaban ver algunas partes de rostros severos, uniformes y fastuosos vestuarios. Uno de esos rostros llamó la atención de Lizzy.

- Esos son mis protegidos, mis hijos - respondió la voz que parecía acercarse.

- ¿Quién es usted? - preguntó Lizzy temiendo que su voz se quebrara.

- La historia es muy larga, he tenido muchos nombres, demasiados tal vez. Pero tu pregunta real debería ser ¿Quién es el hombre del cuadro?

Lizzy admitió en silencio que el rostro del cuadro era idéntico al de su esposo. Pero prefirió callar.

- No necesitas responder contestó la voz - Yo estoy en tu mente, no hay pensamiento tuyo que no conozca.

El pasillo parecía haberse cerrado alrededor de Lizzy que se sentía atrapada en una trampa.

- Puedo otorgar dones maravillosos a quienes me sirven fielmente,  cada uno de mis siervos me han traído regalos especiales a lo largo de mis largos años.

La voz empezó a tomar una forma que Lizzy ya había visto antes, era aquel hombre de la habitación de Lucy.

El desconocido se acercó a ella   helándole hasta el último intento de un grito o un suspiro.

Continuara...

Capítulo  I : El Espejo
Capítulo II: El Viaje

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