martes, 4 de abril de 2017

Lizzy. ¡Esto no es Londres! Capítulo I: El espejo

CAPÍTULO I
EL ESPEJO

La enorme sonrisa que Lizzy le regaló a su esposo mientras él se alejaba era solo el reflejo de la gran felicidad que sentía en su corazón. Habían vivido días maravillosos, llenos de sol y paz, un paisaje distinto, un aire a naturaleza que Lizzy extrañaba mucho. Pero ya era hora de prepararlo todo para el regreso, sus alegres vacaciones tendrían que dar paso a ciertos problemas pendientes que habían dejado olvidados en casa.

- Lastima - suspiro Lizzy. - Me habría encantado quedarme aquí más tiempo.

Miró alrededor y el sobrecogedor paisaje verde de las colinas, las plantaciones y los árboles frutales del pequeño pueblito la llenaba de inspiración. Por dondequiera que mirara encontraba un paramo con un halo mágico que la invitaban a explorar. Lizzy desde muy pequeña había sido curiosa, casi siempre metida en algún lugar incorrecto según decía su padre. 

Ahora la curiosidad le cedía paso a su amor, observaba a su querido Darcy marcharse con un grupo de amigos internándose en aquellas colinas plagadas de ciervos.

- Será una gran cacería - le había dicho a modo de despedida.

Él era todo lo que siempre había soñado aún sin saberlo. Varonil, fuerte, seguro de sí mismo y hasta un poco orgulloso. A pesar de su inicio lleno de prejuicios y equivocaciones se habían convertido no solo en compañeros,  no solo era amor, era un enorme deseo de compartirlo todo como cómplices.

Lizzy vio desvanecerse a la partida de cazadores detrás de una colina y pensó en armar su propia partida, tal vez salir a comer en medio del campo, explorar un poco. Regreso a la modesta habitación donde se hospedaban.

El cuarto estaba inundado de luz que revelaba los delicados detalles femeninos en toda su decoración, sencilla pero hogareña. Aunque el señor Darcy estaba acostumbrado a ambientes más distinguidos no podía negar que la sencillez de campo le agradaba mucho y para Lizzy este era un lugar más acogedor que aquellos grandes salones de mármol con tantas personas que parecían verla como una intrusa. 

Lizzy disimulaba su incomodidad por consejo de su madre, con una enorme sonrisa cortés. Pero aquí en medio del campo se sentía dichosa de verdad. Sentía algo de pesar por el regreso apresurado y la interrupción de su viaje. A ella le encantaba salir de su rutina. Aún le quedaba un pequeño consuelo,  una parada más en Londres que ella podría aprovechar para visitar a la menor de sus hermanas.

Mientras Lizzy ordenaba alegremente la ropa de su esposo y acomodaba las valijas, notó  que en su habitación había un único objeto que sobresalía de la decoración humilde.  A lado del ventanal casi cubierto con las cortinas estaba un llamativo y lujoso espejo. Tenía un aire antiguo, estaba enmarcado en bronce con varias decoraciones suntuosas alrededor. 

A Lizzy le sorprendió no haberse percatado del gran espejo, se quedo cautivada por la belleza del objeto que  antes había ignorado, acerco su mano delicadamente a los bordes esculpidos con mucha delicadeza, apenas rozaba las figuras en el bronce estas parecían saltar del marco y cobrar vida, Lizzy se acerco un poco más y pudo observar que las formas tenían algo familiar, eran seres humanos, en lo que parecía una decadente escena del infierno.

Asustada retiro la mano, como si el espejo la hubiera quemado. 

Lucy,  la joven ahijada de los señores de la casa, entró  a la habitación de Lizzy con su acostumbrado desparpajo, sin llamar a la puerta, sorprendiendo más a la pobre Lizzy que seguía observando su mano. 

- No es necesaria tanta reverencia- le dijo sin esperar al tradicional saludo.

Lizzy interrumpió su venia para mirar a Lucy con una forzada sonrisa.

- Deja querida, no soy de la realeza, aunque claro, me encantaría- continuó  Lucy con su monologo-  Dime Lizzy ¿quisieras ser una princesa?

Lizzy no sabía por dónde empezar a responder, ella que estaba tan acostumbrada a defender siempre sus ideas y creía que cualquier batalla se podía ganar solo con palabras, se sentía totalmente rebasada por la personalidad apabullante de Lucy.

- Vamos señora Elizabeth, que afuera el día esta hermoso. - Le dijo tomándola de la mano ante su silencio reflexivo. 

Al salir Lucy le echo un vistazo al espejo que para ella también era cautivante pero por razones distintas a las que cualquiera podría imaginar.

Las dos jóvenes habían pasado mucho tiempo juntas, desde la llegada de Lucy hace un par de semanas a la casita de campo donde había sido enviada por sus protectores para cuidar de su salud. Lucy vivía en Londres, acogida por una familia muy importante, la joven había quedado huérfana a corta edad  y aunque era poseedora de una gran fortuna no podía administrarla por  sí misma. 

Lucy era un joven delgada y alta, muy hermosa, con un aspecto algo pálido, era enfermiza y siempre le sentaba bien el aire de campo, aunque la vida relajada no le gustaba mucho. Lucy estaba acostumbrada a lujos, convivía con su mejor amiga, hija de la familia que la había acogido y que precisamente estaba a punto de casarse. Lucy no se había enamorado aún pero tenía un espíritu romántico y soñador.

A Lizzy le agradaba el carácter tan extrovertido de la joven. Estaba  francamente feliz por emprender el próximo viaje a Londres junto con ella, pues Lucy había decidió regresar antes de tiempo a Londres, no explicaba sus razones pero sentía una gran inquietud.

- ¿Alguna vez sentiste que alguien te llama? - le preguntaba a Lizzy.

- Yo lo siento siempre, en sueños, despierta, es como una voz en mi cabeza.

Lizzy escuchaba en silencio, nunca había sentido algo igual o quizás si al tocar aquel espejo. Negó con la cabeza, prefería no recordar aquello que seguro no tenía importancia.

Fueron pasando las horas mientras conversaban sobre las últimas noticias de Londres,  se contaban sus vidas y compartían algunos sueños.

Lizzy al darse cuenta del tiempo transcurrido también se percato del retraso de su esposo y el grupo de cazadores, había pasado tanto tiempo separada de él que empezó a extrañarlo. Decidió retirarse a su habitación para esperarlo.

Al entrar se quedo inmersa en el reflejo gris del espejo, se acerco para limpiarlo, pensando que el polvo acumulado había envejecido y opacado la fina superficie del espejo. Por más que limpiaba no podía ver nada más que siluetas opacas.
Elizabeth pensó que el calor del medio día la había afectado haciéndola ver visiones. Se sintió agotada y decidió recostarse mientras soñaba con su gentil esposo y su pronto regreso a casa.

Continuara... 

3 comentarios:

  1. ¡Buen comienzo! No sé porqué pero Lucy me parece sospechosa, con eso de las voces en su cabeza me hizo pensar mal. A lo mejor no es nada, solo el espejo que es bastante raro. Espero el próximo capítulo.
    ¡Besos!

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  2. Estoy de acuerdo con Cyn, Lucy se trae algo entre manos y ese espejo, yo lo taparía con una sábana XDDD

    Ya estoy enganchada :D

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  3. ¡Hola! Al fin, después de taanto tiempo, me paso para leerte. Me parece muy sospechosa Lucy y me causa mucha curiosidad el espejo. Voy a intentar leer todos los capítulos antes de acostarme para preparar mañana la reseña y publicarla este domingo a más tardar.

    Muy buen comienzo, por cierto ;)

    Saludos <3

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