sábado, 11 de marzo de 2017

La Adivina Parte IV: Ocaso de cristal

  
LA ADIVINA
PARTE IV:
Ocaso de cristal
La anciana continuaba en el mismo lugar observando fijamente a Dafne, mantenía su postura inflexible. Su mirada de acero frio penetraba los parpados cerrados de Dafne, tratando de adivinar sus pensamientos. 

Dafne sostenía aun la esfera, con el mismo cuidado que pondría un fiel devoto al objeto de su  veneración. 

Leonor le había pedido que tomara una decisión, en el aire se habían quedado suspendidas sus palabras. Pero aún no le había explicado las condiciones de la elección que debía realizar. El misterio de estas últimas clausulas pesaba en el ánimo de Dafne. Ella solo quería retomar su vida, aquella que consideraba real. Toda esta escena le parecía una bien montada obra de teatro o tal vez el producto de una alucinación consecuencia de un golpe en la cabeza.  

- Las preguntas y las ilusiones siempre van de la mano, ya deberías saberlo. Tu llevas una vida de ilusiones ¿existe alguien que conozca tu verdadera historia? - La bisabuela decidió romper el incomodo silencio.

Dafne no se atrevía a responder, pero en su mente estaba fija la imagen de Adrián, él parecía conocerla aun si saber mucho sobre ella, sin hacer preguntas parecía ser la única persona real en su mundo. Un mundo donde ni siquiera ella misma podía reconocerse.

Dafne se transporto hasta un día de inverno,  en la casona de su abuela. Hace algunos años atrás. Donde la llevaban casi a la fuerza a  pasar los días más fríos. Lejos de sus padres y de su hermano. Siempre con excusas, los padres en largos viajes de negocios o compromisos impostergables. Su hermano que parecía repudiar su presencia, siembre la hacía sentir invisible. La veía como una rival, un obstáculo para convertirse en  el único heredero de la gran fortuna de su familia. Como era el mayor aprovechaba cada oportunidad que tenia para poner  en evidencia su rebeldía frente a sus padres, ella sin lugar a dudas era la oveja negra y su hermano el borrego sumiso. La suma de ese abandono hacia que el exilio en casa de su abuela sea insoportable. Aunque debía reconocer que al menos encontraba algo de paz en medio de su caótica mente, allá encontraba silencios, recuerdos y fantasmas del recuerdo recorriendo las puertas llenas de telarañas. 

Solía pasar las tardes persiguiendo al esquivo halo de luz que se colaba por las pesadas cortinas, a veces salía a pasear por el enorme jardín que rodeaba la casa, a descansar cerca de algún árbol.

Un día en que el mal humor y la frustración causados por sus pensamientos inquietos la habían dominado, se había rehusado a seguir aceptando el largo viaje, la casona envejecida, ya no soportaba más a esa familia que seguramente tampoco la soportaba a ella. Aquel año en lugar de volver a su casa decidió alejarse de todo, se iría persiguiendo su propia estrella, allá  donde la lleven sus pies. 

Desde entonces recorría ciudades y poblados. Había conocido a personas con distintas costumbres, algunos amables, otros aislados en sus propias esferas de cristal, todos caminantes que desaparecían olvidados por el tiempo. Muchas veces se había encontrado a sí misma, descansando de su constante andar,  fantaseando con realidades alternas, con mundos mágicos y personas que jamás había visto en la vida.

Adrián había aparecido en ese viaje salido de una callecita muy turística donde ganaba dinero tocando canciones de amor en su guitarra. “Otro mentiroso” había concluido Dafne, cantaba del amor pero el amor no existía, o eso creía ella.

Leonor había retirado la esfera de las manos de Dafne, interrumpiendo su viaje al pasado. 

- Es momento de tomar una decisión, el tiempo no espera-  le había repetido.

Su gente, continuó explicando, se había cansado de mantenerse escondida y no podían vivir por más tiempo en dos mundos, muchos habían retornado a la belleza de la magia en sus bosques olvidados de cristal.

Los demás habían optado por una vida normal, como humanos disfrazados, olvidando sus raíces, recordando algunos fragmentos en sueños erráticos.

Era hora de que Dafne decidiera su destino, así como había decidido hace años darle la espalda a las enseñanzas de su abuela, hoy debía decidir si retornar a la magia o vivir una vida normal.

Leonor le daba una pequeña ayuda más. Podría ver en la esfera del futuro para conocer su destino entre los humanos.  Podría ser más fácil entonces tomar su decisión, un suspiro  pasajero llamado vida o una eternidad en el lugar al que pertenecía su esencia. Tal como había decidido su ambicioso hermano que había cambiado la sabiduría de su pueblo por tesoros y lujos materiales.  

Dafne una vez más asumió su papel de adivina, observo con suma atención la esfera y sus reflejos circulares, la luz pronto penetro el cristal proyectando visones. Vio una vida larga, se vio a sí misma como una anciana en una pequeña granja,  una linda mecedora idéntica a la de su abuela.  Podía sentir el delicioso aroma a campo, la sensación de paz, interrumpida por un par de niños de ojos color avellana que corrían de un lado a otro, Dafne se imaginaba algunas veces una vida así, descubrió recuerdos que no habían acontecido aún, aventuras paseos, el amor. Vio también  a Adrián y se convenció de que él era el elegido por su corazón para acompañarla en su paso por la vida.

Las lágrimas corrían por su rostro, la decisión parecía muy clara, todo lo que había soñado, paz, amor, alegría y memorias. Y aunque parecía sencillo elegir ese camino las palabras de su abuela escritas en esa carta se interpusieron en sus visiones. 

“Algunas personas podrían conformarse con una vida fabricada de sueños hechos a medida, podrían ser felices sin necesitar mucho, deseando lo necesario y transcurrir por el mundo sin lograr nada más que lo que todos deseaban. Otras personas con almas tan inmensas que podrían contener el universo mismo no podrán conformarse con poco, lo desearán todo, más conocimiento, fundir su existencia con las estrellas que suelen admirar en silencio”.

¿A cuál grupo pertenecía ella? ¿Su abuela habría tenido que enfrentarse a la misma decisión?

Dafne no encontraba el camino en el laberinto que se había formado en su cabeza. 

Leonor apresuro la decisión final, abandono la esfera que contenía el mundo fragmentado de cristales y los dos anillos en la vieja mecedora, le explico que debía escoger entre los dos anillos, el de su abuela que representaba  la magia, el de Adrián que contenía el amor y los momentos que había vivido hasta ahora. Tal cual apareció, Leonor se desvaneció sin más explicaciones.

Dafne tomo la esfera y la guardo en su bolso de viaje, en silencio dio la vuelta y salió por el portón principal, caminaba con la misma seguridad de un condenado a muerte. Ambos caminos venían adornados de deseos y anhelos de su corazón. No sabía cual escoger pero si sabía con certeza que deseaba su corazón en este preciso instante. 

La extensa arboleda fue cediendo paso a las calles empedradas de la Roma histórica, una zona que se había mantenido intacta para los turistas, un pedazo de la historia de la humanidad detenido en el tiempo.

Dafne siguió caminando prestando atención como nunca lo había hecho al revoloteo de las palomas, a los sonidos del viento despeinando a los árboles. Sintió una hermosa sensación de paz, disfrutó  del calor del medio día calentando su espalda.

Sonrió sin poder evitarlo al ver a lo lejos en su placita de siempre a Adrián. Llevaba la guitarra en la espalda. La chaqueta café que siempre usaba y las sandalias de cuero desgastadas por los caminos. La misma mirada confiable que le regalaba cada mañana. 

“Lastima” pensó Dafne, habría deseado escuchar una de sus canciones. Él era música, ella magia. 

Adrián  detenía a los transeúntes, les preguntaba por ella aunque Dafne no  alcanzó a escuchar lo que decían.
Sus pasos la guiaron directamente hasta él, lo rozo suavemente con la mano en el hombro y siguió su camino sin mirar atrás.

En su mano lucia el hermoso anillo de su abuela, la decisión la había tomado mientras recorría por última vez los caminos de los viajeros. Ahora su destino estaba detrás del ocaso allá donde se escondía el bosque de cristales perpetuos y la magia de una verdadera adivina. Las mentiras habían terminado para Dafne.

FIN

Lee la primera parte: BOSQUE DE CRISTAL
Segunda parte: MENTIRAS Y MISTERIOS
Tercera parte: CAMINANDO EN CIRCULOS
Lee la historia completa en: Wattpad 

4 comentarios:

  1. Oh, me dejó una sensación agridulce el final, pero fue precioso. Así que cada miembro de la familia tuvo la oportunidad de hacer esa decisión, qué interesante. Y bueno, alguien tenía que preferir la magia de verdad. Muy tierna historia. Felicidades por terminar con la historia para Blogs colaboradores.
    ¡Besos!

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    1. Gracias por tu lectura querida Cyn y por acompañar la historia, quería darle un toque diferente, ya sabes no todos escogemos el amor no? besos

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  2. ¡Hola!
    ¡Me ha pasado lo mismo! Creí que igual podría compaginar la magia con Adrián, pero supongo que la decisión era también el sacrificio de algo. Me alegra saber que ha tomado ese camino :)
    ¡Muy buena historia! ^^
    Gracias por participar :)
    ¡Un besazoooo!

    P.D. Recuerda que si quieres que el relato esté dentro del PDF de la ronda nos lo tienes que enviar al email en word.

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    1. Gracias por pasarte a leer la historia, me alegra mucho que te haya gustado. Acabo de enviarte la historia, espero estar a tiempo, besos

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Gracias por escribirme, tus opiniones son muy importantes para este blog